En los años 2023 y 2024, la inteligencia artificial fue, para muchos profesionales, un territorio de fascinación. Herramientas nuevas, demos espectaculares, titulares grandilocuentes. En 2025, sin embargo, algo cambió: la conversación dejó de girar en torno a qué puede hacer la IA y pasó a una pregunta mucho más incómoda: ¿qué significa no saber usarla?
Ese desplazamiento marca un punto de inflexión. Por eso, 2026 no va a ser el año de la “adopción masiva” de la IA, sino el año de su normalización como competencia profesional básica.
Cuando la IA deja de ser diferencial
En los primeros momentos de cualquier tecnología transformadora, el simple hecho de conocerla genera ventaja. Ocurrió con internet, con el marketing digital, con el data analytics. Durante un tiempo, “saber de IA” era suficiente para destacar.
Ese tiempo se está acabando.
Hoy, en muchas organizaciones, la pregunta ya no es si usar IA, sino:
- quién sabe integrarla en la toma de decisiones,
- quién entiende sus implicaciones en procesos y negocio,
- y quién puede traducirla en impacto real.
La IA empieza a funcionar como otras competencias transversales: no te hace destacar por sí sola, pero no tenerla te penaliza.
IA y negocio: el verdadero punto de fricción
Uno de los grandes aprendizajes que dejó 2025 es que la IA no falla por la tecnología, sino por el contexto en el que se intenta aplicar.
Las organizaciones se han encontrado con problemas recurrentes:
- decisiones automatizadas sin criterio estratégico,
- equipos que usan IA sin entender sus límites,
- líderes que delegan en la herramienta lo que deberían decidir ellos.
Esto ha puesto sobre la mesa una realidad incómoda: la IA no sustituye la capacidad de pensar en negocio, la exige aún más.
Aplicar IA implica entender:
- cómo se toman decisiones en la empresa,
- qué datos son relevantes (y cuáles no),
- qué riesgos éticos, legales y reputacionales existen,
- y cómo cambia el rol de los profesionales.
No es un reto técnico. Es un reto de formación, mentalidad y liderazgo.
El profesional que emerge en 2026
Si observamos los perfiles que están generando mayor relevancia, aparece un patrón claro. No son necesariamente los más técnicos, sino los que combinan tres capas:
- Comprensión del negocio: Capacidad para leer prioridades estratégicas, evaluar impacto y entender cómo se crea valor.
- Alfabetización en IA: No programan modelos, pero entienden cómo funcionan, dónde aportan valor y dónde se pueden generar riesgos.
- Capacidad de integración: Son capaces de conectar tecnología, personas y procesos sin caer en soluciones simplistas.
Este tipo de perfil no se construye aprendiendo una herramienta concreta. Se construye aprendiendo a pensar y decidir mejor.
De aprender IA a formarse para decidir mejor
A escala global, la IA está transformando el mercado laboral. Según datos del Fondo Monetario Internacional, se estima que la IA afectará hasta el 40 % de los puestos de trabajo en todo el mundo, ya sea complementando habilidades o transformando funciones completas dentro de organizaciones y sectores productivos.
Este impacto no se limita a perfiles técnicos. Incluso trabajos con tareas de alta cualificación pueden verse reconfigurados por la automatización inteligente y la colaboración humano-máquina.
En España, datos recientes del informe de uso de IA muestran que cerca del 44% de las empresas con más de 249 empleados ya utiliza tecnologías de IA, un crecimiento significativo en los últimos años frente a cifras considerablemente menores en organizaciones más pequeñas. Además, el 78 % de los trabajadores españoles percibe que debería formarse en tecnologías digitales e IA para trabajar con eficacia, lo que indica una demanda interna clara de capacitación en estas competencias.
No es de extrañar, entonces, que en contextos como el de Latinoamérica y España haya brechas formativas que las organizaciones ya sienten como barreras reales de talento: en algunos sectores, hasta la mitad de las ofertas vinculadas a IA y ciencia de datos no se cubren por falta de perfiles especializados.
El valor estratégico de la IA
El paso de la IA desde la fascinación tecnológica a la competencia profesional básica ya no es una hipótesis: está respaldado por indicadores de indicadores de mercado, tendencias laborales, demandas explícitas de empresas y profesionales.
En este contexto, quienes incorporen IA con criterio estratégico, capacidad de integración y visión de negocio, no solo responderán a una necesidad inmediata, sino que estarán construyendo una ventaja profesional sostenible.
Porque en un entorno donde la tecnología acelera, el verdadero diferencial sigue siendo quién decide, cómo decide y para qué.


