Mayo 29, 2020

Tecnologías de protección a la intimidad en el COVID-19

Tecnología

¿Sacrificarías tu privacidad por un bien mayor?

Tecnologías de protección a la intimidad para que el COVID 19 no se convierta en una crisis de privacidad

Por Redacción ISDI

A medida que las fechas para levantar la contingencia por cuarentena se acercan, cada vez más los gobiernos del mundo deben considerar las herramientas necesarias para mantener la fluidez de información con el fin de evitar nuevos y más peligrosos brotes por COVID-19. Para lograrlo las agencias de salud pública necesitan confiar en la tecnología como aplicaciones de rastreo de contactos y el análisis de datos. Ambas, herramientas que pueden resultar efectivas a gran escala, un requisito que sitúa en el centro del escenario el debate sobre la privacidad frente a la salud pública ante una pandemia global.

¿Sabían que muchas normativas sobre privacidad de datos incluyen cláusulas que permiten la suspensión parcial y temporal de sus disposiciones con el fin de ayudar a salvaguardar a la población?

¿Qué tan dispuestos estarían a hacer estas concesiones por un bien mayor, sacrificando su privacidad por un tiempo?

Muchos quizás no tengan problema, sin embargo, los datos sugieren que no podría ser tan temporal, prolongando el tiempo de crisis de meses a años, temporalidad en la que mucho puede suceder y no todos estarían dispuestos a dejar expuesta su información más valiosa por tanto tiempo.

Por lo anterior, tal como lo asegura William Dixon, Head of Future Networks and Technology, Platform for Shaping the Future of Cybersecurity and Digital Trust del World Economic Forum; “las tecnologías de protección del derecho a la intimidad (PET) pueden contribuir a garantizar que la crisis de COVID-19 no se convierta en una crisis de privacidad”.

“Los PET son un grupo de tecnologías emergentes que «permiten el análisis y el intercambio de conocimientos sin exigir el intercambio de los datos subyacentes propiamente dichos». Tienen potencial para hacer posible un equilibrio entre la salud pública y la privacidad al permitir el intercambio de información mejorada de la privacidad sin revelar los datos privados de las personas y abordar los problemas con el despliegue de estrategias centralizadas o descentralizadas”, asegura Dixon.

De esta forma permiten el intercambio de datos y la colaboración mientras los propios datos de los individuos permanecen protegidos.

El cifrado homomórfico que utilizan estas tecnologías, permite a las autoridades de salud pública buscar el rastreo de contactos de las poblaciones sin revelar información de salud confidencial a los agregadores de datos de ubicación, como empresas de servicios móviles o gigantes tecnológicos.

El rastreo de contactos provoca temor y desconfianza, ante el posible mal uso de los datos y la vigilancia digital 

Podrían además resultar muy útiles en los procesos de investigación transfronteriza en materia sanitaria con datos confidenciales, al momento de desarrollar curas o vacunas.

Dentro del espectro de datos y privacidad encontramos uno de los temas más polémicos en las últimas décadas: los datos de ubicación personal. Esta información resulta extremadamente sensible ya que incluso cuando se anonimizan, es posible volverles a identificar. Por esta razón su uso por agencias gubernamentales para el rastreo de contactos provoca temor y desconfianza, ante el posible mal uso de los datos y la vigilancia digital permanente de individuos o sociedades completas.

La descentralización es una de las soluciones que cada vez más países están adoptando para mantener un mejor control.

De acuerdo con la WEF, los retos principales de esta solución son:

1. Es difícil alcanzar la masa crítica de descargas necesaria para que estas aplicaciones sean efectivas. Una encuesta reciente constató que casi 3 de cada 5 estadounidenses dicen que no pueden o no quieren usar este tipo de aplicaciones, mientras que los científicos estiman que al menos el 60 % de la población tiene que optar por contactar las aplicaciones de rastreo para hacerlas efectivas, una brecha crítica que puede ser difícil de cerrar.

2. Los sistemas descentralizados dejan a las autoridades de salud pública con conocimientos limitados sobre los aspectos de la enfermedad a escala de la población, como la tasa de propagación, los puntos calientes geográficos y otras cuestiones. En este momento, el acceso a dicha información es vital para que las autoridades de salud pública gestionen sus sociedades de manera satisfactoria a lo largo del período de “desescalada” durante el que las pruebas sistemáticas de las personas expuestas y la detección temprana de nuevos brotes son clave para evitar nuevos bloqueos.

Por otro lado están los sistema centralizados, los cuales podrían dar seguimiento de contactos con una capa de privacidad basada en PET, proporcionando a las autoridades de salud pública información sobre datos a escala de la población, esto “contribuiría en gran medida a adaptar las alertas, proporcionar prevención y tratamiento a casos, zonas y riesgos específicos -como se hace en la medicina de precisión- en beneficio de cada uno de nosotros, nuestra privacidad y la sociedad en su conjunto”, afirma Dixon en la pieza para la WEF.

Este sistema podría basarse en los datos de ubicación y las fuentes de los proveedores de telecomunicaciones nacionales y regionales que poseen datos móviles detallados; “así las autoridades de salud pública podrían ejecutar consultas mejoradas de privacidad para realizar identificaciones, contactos y rastreos a escala mientras obtienen información sobre la tasa de contagio y la distribución geográfica sin revelar datos de ningún individuo”, indica la WEF.

Con el fin de respaldar el despliegue rápido de estos sistemas de alerta, la WEF recomienda que los organismos reguladores aceleren la evaluación y autorización de las PET como habilitadores compatibles de casos de uso críticos que requieren el intercambio de información, muchas de ellas ya han comenzado a ser tramitadas para permitir colaboraciones interinstitucionales que preserven la privacidad para combatir los delitos financieros y cibernéticos.

Fuente World Economic Forum 2020