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Bootcamp: coding Martes, 5 Diciembre, 2017

aprender coding con vasos

En la era del Blockchain, el Internet of Things, el software y la programación, un vaso de plástico puede marcar la diferencia.

Vivimos en una era digital, un cambio de época en la que detrás de cada producto, objeto o experiencia hay con toda seguridad una línea de código. Programar es tan importante que Obama se sumó al carro del coding en 2013. Y vino a decir que América necesita “jóvenes que dominen las herramientas y la tecnología que están ya cambiando la manera que tenemos de vivir los humanos”. Y añadió: “Aprender estas habilidades no es solo importante para tu futuro, es importante para el futuro del país”. Quizá Obama estaba pensando en HTML5. Los jóvenes americanos pensarían más bien en Python, C++ o Java. En ISDI programamos con vasos y bolígrafos.

Cierto, hemos exagerado. Pero sí es cierto que contamos con un taller de programación sin ordenador basado en una hoja de papel, un bolígrafo y unos vasos de plástico. Y que causa un estupor tremendo en una clase abarrotada de alumnos que han accedido a un programa educativo para aprender negocio digital.  

Rodrigo Miranda, ingeniero de telecomunicaciones, Director General de ISDI y profesor que imparte el taller, lo define como una actividad para “aprender conceptos básicos de programación sin estar mediatizados por el ordenador. Utilizamos elementos muy sencillos que permiten al alumno captar la esencia del concepto”. Borja Garzón, facilitador del taller, reconoce el escepticismo en las caras de la gente. “De repente se ven programando con vasos. Y sí, tienen dudas sobre si les aportará algo”. Pero poco a poco el rojo de los envases empieza a inundar la clase generando una energía especial. “Según el taller va avanza y van trabajando en grupos se van metiendo en el papel y muy pronto se convierten en creyentes. Y entonces lo que cuesta es pararles porque ya son incapaces de parar de crear nuevas estructuras”, explica Rodrigo Miranda recalcando con humor que los vasos, por supuesto, permanecen vacíos durante todo el bootcamp.

  ¿Por qué programar sin ordenador?

La pregunta es muy obvia para cualquiera. Y las respuestas son variadas y responden a diferentes objetivos del taller. Una explicación sencilla de comprender es que antes de organizar el teclado es imprescindible organizar el cerebro. “La dinámica sirve para abstraerse del proceso de programación”, explica Borja. “Es muy conceptual, muy simbólica, y eso exige un trabajo cerebral muy grande”.

Sin embargo, y este es el principal objetivo según Rodrigo, el ejercicio nos habla de la empatía necesaria con los equipos técnicos. “Uno de los problemas que tenemos cuando nos enfrentamos al mundo digital es el abismo existente entre los equipos de marketing o estratégicos y lo que sería la parte de implementación técnica. Las dinámicas de programación se consideran con demasiada frecuencia procesos sencillos, cuando la realidad nos indica que es al contrario. Y esta distancia limita tremendamente el desarrollo de algunos proyectos, perjudicando su ritmo e incluso provocando costes más altos, ya que los equipos que los no tienen empatía con los equipos técnicos”.

Mercedes López Gil, estudiante del MIB y Jefe de proyecto TI en Repsol, lamenta cierto desequilibrio interdepartamental a la hora de planificar proyectos.  “Es habitual dedicar meses y meses a pensar ideas y planificar acciones de marketing pero después no se comprende que se tarde el mismo tiempo o más en implementarlo a nivel tecnológico”. Igualmente cree que hay descompensación a la hora de acercarse a otras disciplinas. “Me sorprende que las personas de tecnología traten de aprender el lenguaje de otras áreas para poderse comunicar, pero no siento que suceda lo mismo con el resto de áreas, que suelen decir ‘esto es tema de tecnología’ o ‘yo de eso no entiendo’.” Thomas Grar, que trabaja en el área de IT de ISDI, reconoce que “en cada proyecto hay una variedad de elementos que son obvios y dados por sabidos en ambos lados”, y que es precisamente en este punto en el que “suelen aparecer los problemas y desilusiones a la hora de entregar el producto de un proyecto”.

Por supuesto, hay soluciones. Thomas proponer “crear puentes entre los equipos ya sea mediante formaciones en digital y tecnología para diferentes áreas de una empresa, o formaciones sobre temas funcionales”. “Igualmente, desarrollar un proyecto mediante desarrollo incremental u otro tipo de metodologías Agile permitirá a una empresa obtener un producto que mostrar en muy poco tiempo e identificar rápidamente las diferencias entre la imagen mental de lo que tendría que ser el producto para los usuarios, y lo que han entendido los técnicos que tenían que desarrollar, reduciendo de esta manera la brecha”. Para Alberto Sánchez, estudiante del MIB y Digital Transformation Manager en Bip Iberia, “unos no tienen sensibilidad hacia el trabajo y los retos de los otros pero las empresas que consiguen acercar a sus departamentos de negocio y tecnología tienen una ventaja competitiva frente al resto.

Empathy for the Devil

El taller avanza y los alumnos comprenden que programar no es tan complicado. Lo difícil es usar bien el idioma para comprenderse como equipo y crear estructuras. Por supuesto, en la clase se pincha el vídeo de Obama. Y también el de Steve Jobs en el año 1995. Sea verdad o no que Jobs jamás escribió una línea de código, el fundador de Apple pensaba que todo el mundo debería aprender a programar “porque te enseña a pensar”.

“El cambio de chip finalmente se produce”, explica Borja. “Los alumnos comprenden lo importante que es aprender programación”. A ponerse en la piel del otro, a empatizar. “Sobre todo creo que se consiguió concienciar a la gente de que los programadores son personas y no superhéroes y que trasladar requerimientos de negocio a código no es tan sencillo como creemos”, sentencia Alberto.

Una derivada final del taller se basa en pasar el testigo. En palabras de Borja Garzón, en inocular el “virus” del coding y que acabe por impregnar todo el mundo educativo. Y es que muchos de los MIBers tienen hijos o sobrinos y “gracias a momentos de revelación como éste cobran conciencia de que ellos mismos pueden convertirse en profesores para otros niños, en un agente de cambio más en la penetración del coding en la sociedad”. Incluso en algunos casos, de la conciencia se pasa a la acción…

 


El gap existente entre lo que demanda la sociedad y lo que el sistema educativo ofrece es enorme. El 90% de los padres americanos desean que sus hijos aprendan computación pero solo el 40% de las escuelas lo enseñan. Es uno de los datos que sirve code.org, una ONG que fomenta el estudio de la programación. Por medio de La Hora del Código, un movimiento global que llega a decenas de millones de estudiantes en más de 180 países, se fomenta que cualquier persona en cualquier lugar del mundo enseñe una hora de programación. Este artículo se ha generado aproximadamente durante una hora de escritura. Y se cierra de nuevo con Obama, quien hace cuatro años invitó a los jóvenes americanos a programar así: “Don’t just buy a new video game, make one. Don’t just play on your phone, program it”. Tras acudir al taller probablemente añadiría: “Don’t buy a plastic glass just to drink. Program with it”.

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